La facturación electrónica asusta más de lo que debería. En la práctica se reduce a tres decisiones que tomas una sola vez y luego se automatizan.
Boleta o factura
La boleta es para consumidor final; la factura, para quien necesita sustentar gasto o crédito fiscal y por tanto te pide RUC. Tu sistema debería decidirlo solo según lo que ingreses del cliente, no obligarte a elegir el formulario correcto en cada venta.
Las series
Cada punto de emisión tiene su serie y su correlativo, que no puede saltarse ni repetirse. Es la parte donde más negocios se equivocan al migrar, y también la más fácil de configurar bien una vez y olvidarse.
Qué pasa si te equivocas
Para eso existen las notas de crédito y débito. Un comprobante emitido no se borra: se corrige con otro documento que lo referencia. Un sistema decente te deja hacerlo en dos clics desde la venta original.
El resto —firmar, transmitir a SUNAT, guardar el XML, reintentar si el servicio está caído— no deberías tocarlo nunca. Eso es trabajo de la plataforma.